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Los vecinos que hace 20 años luchan para rescatar del abandono a la casa de Mansilla

Fue construida en 1870 y bautizada como «Villa Esperanza». Era la casa de fin de semana del general, escritor y político Lucio V. Mansilla. Es que, ubicada en el barrio de Belgrano, en aquel momento esta majestuosa residencia de estilo neoclásico italiano estaba cerca del río. Cuando Mansilla murió, en 1913, fue comprada por la familia Panello, que a su vez un año después se la alquiló al Ministerio de Educación. Así, desde 1914 hasta 1982, la casona de Pasaje Golfarini al 2300 fue la sede de la escuela Normal 10.

Ahora la residencia, que tiene entradas por Golfarini y por Tres de Febrero, entre Olazábal y Blanco Encalada, se encuentra abandonada a pesar de que es Monumento Histórico Nacional. Y desde hace 20 años, un grupo de ex alumnos del Normal 10 lucha para preservarla con su arquitectura original y que funcione como centro cultural.

La monumental mansión, con sus más de 20 habitaciones, da cuenta del pudiente pasar económico de quien fuera su dueño, además de ser un orgullo para los habitantes del barrio de Belgrano, que se admiran con ella incluso aunque el tiempo la ha maltratado. Pero para los ex alumnos de la escuela, la casa es mucho más que arquitectura. Se trata, también, de una parte de su vida.

La casa de fin de semana de Mansilla fue construida en 1870. Foto: Cecilia Profético

“Había algo en el lugar que hacía que no me quisiera ir”, cuenta Alicia Pangella, que estudió en el Normal 10 y confiesa que hasta trató de repetir el último grado para postergar la despedida. Después regresó, cuando tenía 20 años, y la escuela fue su lugar de trabajo. Fue preceptora y docente. Ahora, ya jubilada, preside la Comisión de Defensa de la Casa de Lucio V Mansilla e hizo de esa causa una cruzada personal.

Desde que la escuela se mudó a una nueva sede, a una cuadra de distancia de la mansión, la casona ha sido puesta a merced de los vaivenes de lo público y lo privado. Sus dueños intentaron venderla; en 2000 el Congreso la declaró Monumento Histórico, y en 2013 fue expropiada por el Gobierno nacional. En torno a ella se habló de varios proyectos, como que sea la sede del Museo de Arte Oriental, pero nada se concretó.

Este año, el Gobierno autorizó a la AABE a otorgar derecho real de superficie sobre la casa de Mansilla. Esta figura legal se utiliza para poner a disposición de privados el uso del espacio, sin que el Estado deje de ser su propietario. La idea es así solventar los costos de restauración y mantenimiento. A cambio, se otorga la concesión por hasta 70 años. Pero los ex alumnos de la escuela temen que los proyectos en carpeta van a modificar la fachada y los interiores de la casa.

En la casona funcionó la Escuela Normal de Maestras N° 10 entre 1914 y 1982.

Hoy en día, el paso del tiempo y las indefiniciones sobre su futuro dejaron su marca en la residencia. Algunos sectores han sido dañados en tomas ilegales o por filtraciones y los gatos del barrio la adoptaron de hogar. Sin embargo, desde la Comisión que la defiende afirman que ninguno de los daños es estructural, por lo que no hace falta derrumbar sus partes; sólo hay que refaccionar y reacondicionar.

“Nuestro objetivo es que la casona sea destinada al bien de la comunidad”, cuentan desde la Comisión, que organizó eventos de visibilización, presentó proyectos en la Legislatura porteña y entró en un largo camino de disputas legales.

Al igual que sus compañeros de aquel entonces, Alicia descubrió la política a través de esta causa común, que los lleva a reunirse en el bar a la esquina de la mansión todos los meses a pensar estrategias. “La primera vez que me presenté en la Legislatura no conocía a nadie. Tuvimos que aprender desde cero”, reflexiona sobre los 20 años de vida de la Comisión.

Alicia sabe que no puede bajar los brazos, no después de todo el tiempo y esfuerzo invertido. “Cuando comencé con esto, mi hija tenía 12 años. Ahora tiene 32 y me dice, ‘mamá, espero que se resuelva, pero principalmente por vos». La aclaración no es casual: suceda lo que suceda, la casona jamás dejará de ser parte de aquella otra historia: la de los alumnos que nunca la olvidaron.

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