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Ya comenzó las liquidaciones en los negocios de ropa y buscan atraer a clientes.

La recesión y disminución del poder adquisitivo  de los argentinos produjo, en el último tiempo, una reducción del consumo que afectó especialmente a los rubros de menor necesidad vital y generó, entre otras cosas, que los comercios de indumentaria comiencen a acumular stock. Para mitigar el alto costo de tener mercadería inmovilizada, los productores de prendas y calzado nacionales apuntan a rotarla por los diferentes canales de venta y a ofrecerla a precios más bajos, resignando rentabilidad. Las grandes marcas internacionales, con mayor margen de maniobra, apelan a otra estrategia, que distorsiona disimuladamente los datos de exportación: reenvían a sus casas matrices o locales en el exterior los productos que importaron previamente y no lograron vender.

«Solo pueden reenviar stock empresas multinacionales de mucho tamaño, que manejan otra estructura de costos y de locales en el exterior», explicó a LA NACION Priscila Makari, titular del departamento Coyuntura y Comercio Exterior de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI).

Makari detalló que al realizar la operación las empresas deben abonar los impuestos correspondientes a una exportación tradicional y que se registra de igual manera en las estadísticas oficiales, por lo que es muy difícil diferenciar las exportaciones genuinas del sector de las que se explican por esta maniobra. Más aún porque el Gobierno mantiene en reserva el detalle de las empresas que hicieron los envíos.

Sin embargo, en algunos casos es posible detectarlo. «En octubre de 2017, por ejemplo, hubo un salto importante en las exportaciones del sector; un valor que no tenía relación con lo que es el promedio de los últimos tres años. Investigando descubrimos que se trataba de una marca grande de ropa deportiva que había relocalizado mercadería en otras sedes del mundo», reveló Makari.

Las firmas argentinas, que son en su gran mayoría pymes, no tienen una estructura suficiente para reaccionar de la misma manera. Tratan de liquidar la mercadería remanente con estrategias de marketing u ofreciéndola como saldo en alguna otra plaza comercial para recuperar al menos el costo de producción. Esto se evidencia en los registros de precios al consumidor del Indec : mientras que la inflación promedio de 2018 fue de 47,6%, el rubro prendas de vestir y calzado cerró casi 15 puntos porcentuales abajo, en 33,1%.

Para Marcelo Sorzana, consultor de marcas textiles y director de Surreal Marketing, la baja del consumo en el sector fue del 30% en ítems, aún cuando las estrategias de reducción de precios fueron generalizadas. «Ni siquiera en Navidad o el Día de la Madre se vendió a precio lleno. Nunca dejó de haber promoción y liquidación encubierta», aseguró.

Silvia Fernández, directora de Caro Cuore, explicó que dentro de su estrategia para 2018 la marca decidió adecuar sus precios al bolsillo de los clientes, resignando rentabilidad. «Además hicimos propuestas de negocios diferentes con el remanente. Intentamos movilizar el stock de punta a punta en todos los canales: e-commerce, primera, outlets», dijo, y agregó que también hicieron venta de paquetes de mercadería a locales propios o franquicias en el exterior.

Otra estrategia que utilizan los fabricantes nacionales es ajustar lo máximo posible la producción a la coyuntura. «Las fábricas locales, que están fundamentalmente abocadas al mercado interno, pueden reaccionar mucho más rápido y reducir la producción cuando va quedando stock. Las multinacionales no, porque fabrican al ritmo del mundo», señaló Paulina Campión, del departamento de Comercio Exterior de la Cámara Industrial del Calzado (CIC).

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